Leyendas de Drácula - Vlad el Empalador

Leyendas

La tradición rumana presenta a Drácula (Vlad Tepes) como un príncipe cruel, pero justo, cuyas acciones sólo visaban el bien de su pueblo. Estas historias se han transmitido de generación en generación durante más de 500 años; las leyendas continúan vivas hasta nuestros días. Leen aquí las más famosas historias de DRÁCULA.

Dracula

(1) La copa de oro

Drácula era famoso en todo su país por su insistencia llevada al extremo sobre honestidad y orden. Raras veces los ladrones tenían el coraje de ejercitar su “profesión” en el territorio de Drácula- sabían que el palo esperaba a cualquiera encontraba culpable. Drácula tenía tanta confianza en la eficacia de esta ley, que dejó una copa de oro a la vista, en la plaza central de Targoviste. La copa nunca fue robada, quedando en su sitio durante todo el reinado de Drácula.

(2) El comerciante extranjero

Un comerciante de un país extranjero visitó una vez Targoviste, la capital de Drácula. Como sabía que el país de Drácula era célebre por su honestidad, dejó una carretilla llena de tesoros sin vigilancia en la calle, durante la noche. Por la mañana, el comerciante sufrió un choque cuando vio que faltaban 160 monedas de oro. Cuando el comerciante se quejó delante el vaivoda, Drácula le aseguró que le iba a recuperar el dinero y le invitó a quedarse en su palacio durante la noche. Después, Drácula anunció la gente que tenían que encontrar el ladrón si no querían que la ciudad fuera destruida. Durante la noche sacó 161 ducados de oro de su propio tesoro y los puso en la carretilla del comerciante. Por la mañana, contando su dinero, aquel descubrió el ducado de más; fue a ver a Drácula y le informó que su dinero había sido restituido, con un ducado de más. Mientras tanto, el ladrón había sido capturado y entregado a los guardias del príncipe; Drácula lo hizo empalar e informó al comerciante que hubiera sufrido el mismo castigo si no hubiera reconocido el ducado de más.

(3) Los dos monjes

Hay varias versiones de esta anécdota. Algunos dicen que los dos monjes procedían de un monasterio católico de Valaquia o que eran monjes errantes católicos de un país extranjero. En ambos casos, los monjes católicos eran a ojos de Drácula los representantes de un poder extranjero. Otras versiones dicen que los monjes pertenecían a un monasterio ortodoxo rumano (la religión oficial en Valaquia). Las razones de Drácula varían mucho según las diferentes versiones de la historia.
Sin embargo, todas cuentan que dos monjes visitaron a Drácula en su palacio de Targoviste. Curioso de conocer la reacción de los hombres de la iglesia, Drácula les enseñó las hileras de cuerpos empalados del patio del palacio. Cuando el príncipe les pidió su opinión, uno de ellos respondió: "Dios le dio el derecho de castigar los malhechores". El otro monje tuvo la valentía de condenar la crueldad del príncipe. En la versión común de los panfletos alemanes, Drácula recompensó al monje halagador e hizo empalar al monje honesto. En la versión de las crónicas rusas y en la tradición oral rumana, Drácula recompensa al monje honesto para su integridad e hizo empalar el otro para su falta de honestidad.

(4) El noble polaco

Benedicto de Boithor, un noble polaco en servicio del rey de Hungría, visita Drácula a Targoviste en septiembre de 1458. Una noche, durante la cena, Drácula ordena que un palo de oro sea llevado e instalado justo delante del mensajero real. Drácula le preguntó al invitado por qué creía que el palo había sido llevado. Benedicto respondió que se imaginaba que algún boyardo había ofendido al príncipe y que Drácula tenía la intención de honorarlo. Drácula respondió que había llevado el palo en honor de su noble invitado polaco. Este le dijo que no había hecho nada para meritar la muerte, pero que Drácula le podía hacer lo que querría. Dijo también que no Drácula era responsable de su muerte, sino el mismo, por haberse atraído la cólera del príncipe. La respuesta le gustó mucho a Drácula quien lo colmó de regalos, diciéndole que si la contesta hubiera sido otra, hubiera sido empalado en el acto.

(5) Los embajadores extranjeros

En la literatura existen por lo menos dos variantes de esta historia. Igual a la historia de los dos monjes, la versión alemana presenta a Drácula bajo un aspecto desfavorable mientras que la versión este-europea presenta las acciones de Drácula bajo un aspecto mucho más favorable. En las dos versiones los embajadores de un poder extranjero visitan la corte de Drácula de Targoviste. Recibidos en audiencia por Drácula, los enviados se niegan a quitarse los sombreros como lo pedía la costumbre en presencia del príncipe de Valaquia. Iracundo a causa de esta falta de respeto, Drácula hizo clavar los sombreros de los embajadores sobre sus cabezas, para que nunca más los puedan quitar. En la versión alemana los embajadores venían de Florencia y se habían negado a quitarse los sombreros en signo de superioridad. Cuando Drácula les preguntó por qué se negaban a hacerlo, contestaron que no era la costumbre en su país y que no lo hubieran hecho ni siquiera delante del emperador romano. Drácula hizo clavar de inmediato los sombreros en sus cabezas para que nunca más los puedan quitar y les echó de su corte. En Alemania como en Europa occidental donde el concepto de inmunidad diplomática aún existía, el gesto fue interpretado como una barbaridad contra los representantes de un poder aliado. En la versión oriental, los embajadores eran turcos. Acompañados delante del príncipe, se negaron a quitarse los turbantes. A la pregunta del príncipe, contestaron que no era costumbre de su pueblo. En el acto, Drácula les hizo clavar los turbantes sobre las cabezas para que puedan respetar su excelente costumbre para siempre. Después, los embajadores fueron enviados al sultán turco. Para los rumanos eso fue un acto de valentía y desafío hacia el sultán. Hay que observar que la costumbre de clavar los sombreros de los que enojaban un rey era bastante común en Europa del Este. Parece que los príncipes de Moscú utilizaban también este método cuando trataban con enviados no deseados.

(6) La amante de Drácula

Drácula tenía una amante que vivía en una pequeña casa de Targoviste. Parece que esta mujer amaba al príncipe y hacía todo para que le guste. Drácula era a menudo irascible y depresivo y la mujer hacía grandes esfuerzos para aliviar las penas de su amante. Una vez, cuando Drácula era sumamente deprimido, le dijo que estaba encinta; era solo una mentira para complacerle. Drácula advirtió a la mujer de no bromear con tales problemas, pero ella insistió que era verdad, a pesar de conocer la opinión del príncipe sobre la mentira. Drácula llamó las parteras para examinarla y ver si decía la verdad. Cuando le dijeron que había mentido, sacó el cuchillo y le dio un golpazo abriéndole el vientre y la dejó agonizar.

(7) La mujer perezosa

Una vez, Drácula observa un hombre trabajando y cuyos trajes eran demasiado cortos. El príncipe se paró y le preguntó si era casado; cuando el hombre le dijo que sí, Drácula llamó la mujer y le preguntó cómo pasaba sus días. La pobre mujer espantada dijo que lavaba, cocinaba y cosía. El príncipe le enseñó los trajes demasiado cortos del marido, que demostraban su pereza y la hizo empalar, a pesar de las protestas del marido que era contento de su mujer. Después Drácula ordenó a otra mujer que se casara con el campesino, pero le advirtió que debía trabajar arduamente para no tener la misma suerte.

(8) El noble al olfato sensible

El día de San Bartolomé en 1459, Drácula hizo empalar treinta mil comerciantes y nobles de Brasov, una ciudad de Transilvania. Con el fin de regocijarse más del resultado de sus órdenes, le príncipe pidió que le traigan la cena en medio del bosque de cuerpos empalados e invitó a sus boyardos a que se le junten. Durante la cena, Drácula observó que uno de los boyardos trataba de evitar el terrible olor a sangre coagulada y cuerpos eviscerados. Drácula ordenó que el noble sensible sea empalado también, utilizándose un palo más alto que los demás para que no le moleste el olor.

En otra versión de esta historia, el noble sensible es un enviado de las ciudades de Brasov y Sibiu que pide al cruel príncipe exonerar las dos ciudades. Escuchando la demanda del noble, Drácula caminaba por entre los palos con sus horribles fardas. Algunas víctimas aún eran vivas. Casi sofocado por el olor a sangre que secaba y a cadáveres, el noble le preguntó a Drácula por qué caminaba por ese horrible olor. Drácula le preguntó entonces al enviado si el olor le parecía insoportable. El noble, viendo una oportunidad de halagar Drácula, le dijo que se preocupaba sobre todo por la salud y el bienestar del príncipe. Drácula, furioso por la deshonestidad del noble, lo hizo empalar en el acto, utilizando un palo más alto para que sea encima de los olores desagradables.

(9) La quema de los enfermos y de los pobres

Drácula querría que todos sus sujetos trabajen y contribuyen a la prosperidad común. Una vez, ha notado que los pobres, los vagabundos, los mendigos y los inválidos eran cada día más numerosos en su país. Entonces invitó a una gran fiesta a todos los pobres y enfermos de Valaquia, motivando que nadie debe sufrir hambre en su país. Los pobres y los inválidos fueron llevados en un salón inmenso donde le habían preparado una cena fabulosa. Los invitados del príncipe comieron y bebieron a gusto, hasta la aparición de Drácula. "¿Queréis algo más? ¿Queréis no tener ninguna preocupación y que nada os falte?", preguntó el príncipe. Cuando dijeron que sí, Drácula pidió que el salón sea cerrado a doble turno e incendiado. Nadie sobrevivió. Drácula justificó sus actos explicando a los boyardos que había accionado así "para que dejen de ser una farda para los demás y para que no haya más pobres en el país."



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